No lo creo. O al menos no creo que esa afirmación sea cien por cien verdadera. Aprecio muchísimo la cualidad de la imaginación, creo que es de esas cualidades que no hay que dejar de desarrollar nunca, por ejemplo leyendo. Aunque también a veces la imaginación te juega malas pasadas, por ejemplo cuando ves una película de miedo y estás en la cama y no puedes dormir porque tu cabeza empieza a trabajar creando monstruos de las sombras o brujas de las muñecas. Pues bien, cuando nombras un concepto sin describirlo, por ejemplo un árbol, cada persona, con su imaginación, visualiza un árbol distinto y lo describe. Así un solo concepto, gracias a la imaginación, da como resultado mil palabras que a su vez son cientos de imágenes distintas (los distintos árboles que cada uno a creado en su mente).
Relato
Érase una vez un pequeño perrino llamado Gladiolo que pertenecía a una de esas pocas familias felices que van juntas a pasearlo por el parque. Allí siempre se sentaban los padres a amarse en la hierba, que siempre olía a recien cortada, mientras que la pequeña Margarita jugaba a tirarle la pelota al perro que obediente y agitando la cola sin parar la traia. La niña lo quería mucho y no quería que le pasara nada al pequeño perro, esperaba estar siempre con él y que su amistad nunca se acabara, cuidaban el uno del otro. Pasó el tiempo y crecieron, jugaron, comieron, lloraron, olisquearon las bizcochos de la mamá mientras engordaban en el horno, se divirtieron, etc juntos.
Pero en un bonito día de primavera, antes de llegar al parque, los padres caminaban distraidos mientras Margarita llebava a su querido perro con la correa, éste que no pudo evitar ser perro, percibió el dulce olor de una perra en celo y tiró de la correa. Una camioneta estaba cruzando en ese instante la carretera y antes de que pudiera hacerle nada al perro, Margarita se puso en medio. El perro solo sufrió una pequeña fractura en la pata. Margarita fue ingresada en la UCI, no se despertaba.
Gladiolo no supo el tiempo que se llevó sin jugar, sin darle lametazos a esa niña que ya no era tan niña, y sin oler los dulces bizcochos de la mamá, seguía yendo al parque gracias a un amigo de los padres que lo llevaba mientras estaban en el hospital, pero ya no iba a por ninguna pelota, solo se tumbaba en el cesped donde empezaban siempre a jugar, esperando a esa dulce niña que tiraba la pelota con poca fuerza pero con mucha gracia y que siempre le acariciaba la tripa cuando se la traia, volviera.
Uno de esos días en los que el perro se tumbó en el cesped, no volvió a levantarse, se durmió para siempre; al igual que la niña que ya no era tan niña. Pero esta no es una historia triste, crecieron preciosas margaritas en esa zona verde del parque dónde antiguamente murió un Gladiolo y jugaban una niña y su perro con nombre de flor. Así estuvieron siempre juntos y su amistad nunca se acabó.
¿Cómo es el perro que has imaginado?
Yo pensaba en un labrador con el color de piel beige, que iba engordando hasta convertirse en el gordo labrador que vi antesdeayer mientras paseaba a mis perras con mi novio, ese gordo y gracioso labrador que comía higos de la higuera que hay al lado de mi casa y te miraba con cara de bueno. Si desde el principio hubiera puesto una imagen o hubiera descrito al perro, yo os hubiera obligado a pensar en ese perro, por eso lo que menos me gusta de ver una película basada en un libro es ver que los personajes son distintos a los que yo imaginaba y que si me vuelo a leer el libro o me leo un segundo o un tercero de la misma saga piense en esos personajes.
Helena 